Conociendo al ídolo del Papa Francisco

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Cuando hablamos de Jorge Bergoglio, nuestro Papa Francisco, nos referimos a un ser humano excepcional que se destaca por su humildad y por su calidad humana. Más para nosotros los argentinos, ya que sin dudas tiene un sabor especial saber que quien dirige la iglesia nació alguna vez por estos pagos del fin del mundo.

Si bien podríamos hacer un libro completo sobre su vida y cualidades, hoy nos vamos a detener en algo bien nuestro, en el "Francisco futbolero", el que tiene sangre cuerva y que como fanático que es, está siempre al tanto de lo que pasa en el fútbol argentino, especialmente con "su" San Lorenzo.

Pero esta historia viene de larga data, y tiene como figura estelar a quien fuera un enorme jugador de fútbol, para algunos incluso equiparable al gran Alfredo Di Stéfano, quien mas de una vez lo viera desde el banco de la selección hacer "de las suyas". Se trata de René Pontoni, uno de los grandes ídolos de la historia de San Lorenzo que brillara en la década del '40 en el "Terceto de Oro" -Armando Farro, René Pontoni y Rinaldo Fioramonte Martino-, tres delanteros que por aquellos años "la rompían".

El caso es que Jorge Bergoglio siempre admiró a este gran delantero, no solo por su conocida calidad adentro de la cancha, sino más aún, por su don de gente fuera de ella. Y partiendo de esta premisa, quisimos conocer un poco más acerca de René Pontoni, por lo que nos contactamos con su hijo y su nieto para que nos cuenten un poco más acerca de él, y de esta pasión familiar llamada fútbol que va de generación en generación así como su nombre, que también llevan como marca indeleble.

Cuenta René hijo que: "...quienes lo conocían personalmente sentían por el mucho respeto porque era noble y tenía principios muy claros", destacando que siente "un enorme ORGULLO al ver que gente mayor lo sigue recordando con tanto afecto, incluso gente más joven que por sus padres o abuelos lo han mencionado", algo que comparte con René nieto, quien nos cuenta que siente lo mismo "por lo que él ha sido en su carrera profesional, pero por sobre todo en la vida cotidiana con las personas que lo rodeaban."

Existe una conocida anécdota que se dio en el viaje que el año pasado realizó René Pontoni II visitando a Francisco en Roma. Allí llevó una pelota recuerdo del campeonato del '46 que el ídolo guardo y su hijo atesoró por muchos años en "La Guitarrita", famosa pizzería que fundaron Pontoni y Boyé y que al día de hoy administra el nieto de René.

Resulta ser que esa pelota que el Papa mimó como si fuese un regalo divino, cruzó el océano para visitarlo, y si bien la idea original era regalársela, él no la aceptó para que se mantuviera en la familia. Para René II "la experiencia fue muy fuerte y emotiva. Gracias a mi padre al que Francisco admiraba como jugador y buena persona -según sus dichos era un ejemplo para la juventud- lo pudimos conocer. Debe haber sido muy fuerte la figura de mi padre para que aún hoy lo recuerde con tanto afecto como expresó en la entrevista.

Y justamente es el fútbol lo que tanto a René II como René III -hijo y nieto- los ha mantenido muy cercanos a Nassau. De hecho ambos han tenido la posibilidad en diferentes épocas de probar la calidad de nuestros productos, nos cuenta René II que "los productos que tienen son muy buenos. Las pelotas son excelentes y tienen muy buen peso ya que hay algunas que vuelan y parecen de goma. Las recomiendo a cada torneo que voy."

René Pontoni III, nieto y gran goleador como su abuelo nos cuenta: "Tuve la oportunidad de jugar muchísimos partidos con sus pelotas y en distintos climas, son impecables. Se banca un partido tras otro sin perder una pizca de color, y la verdad que hasta que algún defensor rústico no la cuelga, la pelota se sigue usando. Así que no hay dudas que son de primera, hasta mi hijo tiene una que la hace picar en cualquier parte y se mantiene intacta."

Para nosotros en Nassau es un placer ver que nuestros productos, así como la pasión por el deporte, van de generación en generación; siempre buscando la mayor calidad, como esa que tenía René al enfrentar a los arqueros todos los fines de semana.

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